I've always been a hoarder. I refuse to get rid of things, and that goes both for the box of cables and old electronics down in that cabinet in my office and for the files in my Google Drive, external hard drives, on my computers and phone.
A couple of years ago I felt the urge to reinvent myself. It may have been caused by a midlife crisis, the extreme changes in my life (separation, new house, new dynamics), or my mental health diagnosis, or all of the above. But I slowly started getting rid of things.
I still struggle sometimes, but when I catch myself, I force myself to do it. Very few things are essential, I tell myself. Most things are replaceable. It's always good to lighten our loads, both physical and cognitive.
And after the struggle, after the fight to convince myself, after throwing away, or deleting, there's always a sense of lightness. I feel some kind of relief. One less thing to keep tabs on.
It happened with people, too. With the reputation I tried to maintain. With my appearance. Coming from a lifetime of very low self-esteem, it's been hard to lean on myself and only myself for validation. At some point on that path I realized that, in the end, I'm all I've got. Everything else can go away in a blink.
I'm very grateful for the people close to me, but I know I'm not sacred to anyone, and I don't want to. And while I try to be a loving partner and a good friend, my children are the only people whose absence I can't imagine making peace with. Like everybody else, I'm temporary, volatile, and I'll be gone at any moment.
2 Comments:
Resistencia Carpincha • Jun 21, 2026, 5:26 AM
Creo que en gran parte, para los que crecimos en los 80s, eso de guardar viene de nuestros abuelos y padres que tuvieron mucho dificultad de conseguir COSAS. Yo crecí con dos pulloveres para invierno (y eran fríos, muy fríos) hechos por mi abuela que pasó para mi hermana. Después mi abu me hizo otro cuando crecí. No éramos pobres ni nada, pero las cosas no eran tan accesibles y nuestras abus sabían hacer mil cosas (porque ellas sí fueron muy pobres y se las rebuscaron). Hoy tenemos acceso a muchas más cosas pero arrastramos ese miedo a perder. También porque venimos de países caóticos donde hoy un peso vale un dólar y mañana tu peso no vale nada. Hay muchas variables ahí. Y a la vez, uno se da cuenta, tal vez porque las cosas son más accesibles, que aquellos pullóveres eran lo que necesitábamos y nada más (tal vez uno más, no me quejaba si había uno más, jajaja) y no hay necesidad de tener cinco. Y si tenés hijos o niños próximos, y ves cómo se van al diablo ecosistemas completos y realmente, NO NECESITÁS cinco pullóveres. En fin, yo soy como vos y me autoflagelo pensándome en una acumuladora de papeles y libros y cositas y hago un trabajo constante de soltar. Pero fijate que no sos solo vos y que somos producto de un pasado bastante concreto. Y un presente bastante confuso. Y estamos entre esos dos espacios (y encima, con hijos, pensamos el triple, jajaja). ¡Y abrazo! (¿Viste? Dije que iba a acapararte los comentarios). PD: Sé que el captcha es necesario, pero estuve un tiempo importante apretando fotitos, no sé si es normal.
Axel • Jun 22, 2026, 8:55 AM
La acumulación como efecto secundario de la economía. Da para tesis de posgrado, lol. Estoy de acuerdo, como casi todo latinoamericano, comparto esa experiencia.
Es interesante ver como mis hijos, que nunca han experimentado esa escasez, tienen un desapego brutal con el dinero, por ejemplo. El grande me ha rechazado el darle dinero "porque ya tiene suficiente". El menor se molesta cuando en sus cumpleaños le regalan billetes en sobrecito. Yo aprendí a tomarlo y después averiguar.
Acapara los comentarios, para eso son, y es bonito que esto se vuelva un iniciador de conversaciones. Acabo de remover el captcha, por cierto, porque a mi también me tiene podrido. Quizá sea que en realidad somos robots y nadie nos lo ha dicho.
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